En la limpieza profesional, elegir bien las herramientas de trabajo es tan importante como aplicar el producto adecuado. Una bayeta de calidad no solo te ayudará a poder retirar la suciedad con mayor eficacia, sino que también reducirá los tiempos de trabajo, optimizando el consumo de químicos y contribuyendo a mantener unos protocolos de higiene más controladas.
Características de las bayetas de microfibra
Las bayetas de microfibra están diseñadas para la limpieza manual de superficies. Entre su composición, destacan por su composición de microfibra, su capacidad para absorber y su polivalencia a la hora de ser utilizada en diferentes entornos profesionales. Ateniéndonos a su composición, suelen combinar fibras sintéticas como el poliéster y la poliamida.
La microfibra permite atrapar elementos como polvo, grasa y suciedad con más eficacia que otros tejidos convencionales. Están pensadas para desengrasar, absorber y dejar las superficies con un acabado limpio y brillante. Otro detalle a tener en cuenta es que requiere de menos solución de detergente a la hora de retirar la suciedad y las bacterias, de tal que forma que podrás ahorrar en el consumo del agua y de los productos químicos.
Así se usan las bayetas
Para sacarle el máximo partido a las bayetas de microfibra, es recomendable usarlas ligeramente húmedas, doblándolas en varias partes para aprovechar las caras limpias durante el proceso de limpieza. Es clave respetar el uso código correcto de los colores según las zonas, además de cambiar la bayeta cuando esta se encuentra saturada suciedad. Por otro lado, debes evitar el uso del suavizante, ya que es perjudicial para la absorción y, por último, no utilices detergentes con un pH superior a 11.
El uso de los colores
Al estar disponible en varios, podrás distribuir mejor la limpieza por zonas, además de evitar posibles contaminaciones cruzadas. Gracias a ella, podrás retirar la suciedad adherida, reducir restos de grasa, perfeccionar el acabado de las superficies, optimizar el uso de los detergentes, trabajar de manera rápida y precisa y mantener los protocolos de higiene.
El color rojo se utiliza para zonas de mayor riesgo bacteriológico, como los sanitarios de los baños e inodoros. El azul es para el mobiliario general y las oficinas, destacando en áreas como las mesas o estanterías y siendo resolutiva en la limpieza de polvo en zonas secas o de baja carga microbiana. Por su parte, el verde está destinado a las cocinas, comedores y zonas alimentarias. Por último, el amarillo va dirigido a las zonas de aseo como lavabos, grifos, espejos o azulejos.




